diumenge, 9 de juliol de 2017

Reconstrucción de Antonio Orejudo

Título: Reconstrucción
Autor: Antonio Orejudo
Año: 2005 (1ª edición)
Editorial: Tusquets
Colección: Andanzas (nº 562)
Páginas: 270
ISBN: 978 84 8310 292 3

Contingut:
Conversación
Tipos
Teoría
Decepción
Pulmones
Expediente
Reconstrucción
Descenso

Ha estat un petit afegit de plaer lector llegir aquesta obra de Orejudo poc després de haver llegit El cristianismo hedonista de Onfray. Novament viatges per l'Europa Medieval en un moment de canvi i d'enfrontament a l'ortodoxia. Novament ets conscient que el progrés continu en el que pretenem viure es limita a aspectes tecnológics i poc més.

No ho sé si es pot considerar novel·la històrica. Suposo que sí perquè és una novel·la i parla -amb bastant rigor- de fets històrics. Així, els personatges que apareixen tant el la rebel·lió de Münster com bona part dels teòlegs són rigorosament històrics.

Recomano que et facis una petita guia dels personatges, ja que, en tractar-se de noms de pronúncia difícil, et pots embolicar -si ets una mica garrulo com jo- una mica.

En la línia d'Orejudo es troben girs tant de resolució en un diàleg com de personatges que, de cop i volta, vincules amb una part anterior de la trama. Fins i tot, al principi, hi ha esbossos d'un diàleg que no saps a qui correspon.

És molt visual i et permet un agradable viatje a l'Edat Mitjana en el moment de Reforma i Contrarreforma. A mesura que avança et va enganxant progresivament. Molt més que una lectura d'estiu.

"Entonces alguien le alcanza una espada a Mathijs, y este se lleva de un tajo la cabeza del disidente.
—¿Tú crees que la gente hizo algo? Nada.
—¿Y qué esperaba usted que hiciera? A la gente le gusta que de vez en cuando se corte alguna cabeza. Ver cortar una cabeza significa que no nos han cortado la nuestra, y eso siempre es motivo de alegría." (pág. 70)

"—¿Mathijs, el panadero? —pregunta alarmado el obispo—, ¿uno que hacía unas deliciosas obleas de sabores y unas rosquillas que estaban riquísimas?
—Sí, señor.
—Pues qué lástima quemarlo. Intentad que confiese la receta de las hostias antes de morir." (pág. 71)

"—¿Fue usted a la boda?
—Claro que fui. ¿Conoces tú a algún amante despechado que no aproveche cualquier oportunidad para hacerse daño y para hurgar en la herida? Esa actitud forma parte del dulce castigo. Y la verdad es que la boda fue espléndida y me ayudó mucho a sentirme miserable, que era lo que buscaba. Si alguna vez estás melancólico y te apetece profundizar más en tu miseria, intenta acudir a un festejo. El contraste entre tu estado de ánimo y la alegría ajena te hunde mucho más. Es infalible." (pág. 80)

"—Si hubieras leído a Tertuliano, comprenderías que no tengo nada de hereje. El hereje eres tú, Johannes Ecolampadio. Eres un hereje y una puta ramera parida por el vientre purulento de la podrida perra de tu madre.
—¿Qué has dicho? ¡Repítelo! ¿Cómo te atreves a insinuar que no he leído a Tertuliano?" (pág. 231)

A banda d'aquestes perles, un element que m'ha semblat molt destacable és el tractament quasi televisiu amb aires de documental quan fa opinar a Erasmo i Melanchton sobre l'obra de Servet. Ho fan en primera persona sense estar dins d'un diàleg.

"Pero a Erasmo el libro le disgusta.
—Aquel libro era demencial. Tenía un cierto mérito, no lo niego, pero en el fondo era un completo disparate. Y su propósito no era otro que el de provocar. A mis enemigos les hubiera gustado que yo formulara un juicio favorable sobre él, pero no quise darles esa alegría. Me había pasado media vida defendiéndome de las falsas acusaciones de arrianismo, y no iba ahora a elogiar la obra de un verdadero arriano como Servet.
Entre los reformistas Servet es considerado un fanático obsesionado con fundar una Iglesia propia, y su obra es inmediatamente prohibida. Ni siquiera Melanchton, uno de los protestantes más mesurados y con más sentido común, aprueba el texto.
—Servet era agudo, pero no muy sólido en sus planteamientos. Y a veces alucinaba. Empleo este verbo, alucinar, por no usar el verbo tergiversar. Porque si se me apura mucho yo diría que Servet tergiversaba las autoridades. Manipuló a Tertuliano y no entendió en absoluto a Ireneo. Servet era un fanático y no demasiado original. Sus ideas son una versión moderna de las de Pablo de Samosata. Quizás algo más confusas."  (pág. 234)

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